La gran demanda de software en el Viejo Continente y la capacidad de desarrollarlo de manera remota, brinda a España la oportunidad de convertirse en el proveedor por excelencia de las empresas europeas. En los últimos años, hemos observado la creación de múltiples factorías de software, especializadas en los servicios de desarrollo, que hoy superan las 77 en territorio nacional.

Creados para aprovechar la concentración de recursos especializados y las economías de escala, los Centros de Desarrollo españoles difícilmente podrán igualar los costes de servicio ofrecidos en otros países como la India o China, básicamente debido a los costes laborales. Estos negocios, de este modo, deben centrarse en los factores que les hacen destacar de la competencia, como su experiencia en desarrollos a medida, la alta capacitación profesional o la cercanía horaria y cultural al cliente europeo.

Entre todos estos factores, adquiere especial relevancia la calidad, que será decisiva para la buena imagen de la industria del software española en el entorno internacional. Una buena muestra del compromiso con la calidad de los proveedores españoles es su certificación en las normativas de calidad del software internacionales, en lo que se ha avanzado mucho. Según el Software Engineering Institute, en España hoy existen más de 155 organizaciones certificadas en la norma CMMI, frente a un grupo que no alcanzaba la decena a principios del 2005, lo que nos sitúa a la cabeza de Europa.

La llegada de la crisis, sin embargo, ensombrece este panorama. Un importante número de proyectos de calidad del software sufren atrasos y otros han sido congelados.

En estudios recientes de la Asociación de Técnicos de Informática, más del 90% de los profesionales TIC consultados afirmaron que sus organizaciones recurrían de manera habitual al recorte de las pruebas de calidad del software, cuando en los proyectos surgían retrasos o problemas financieros. Y a esta realidad se suma otra muy preocupante, que más de la mitad de los profesionales informáticos españoles carecen de formación específica en técnicas de calidad del software.

Si la industria española del software no quiere perder el tren de la internacionalización, la misma debe basar su competitividad en la calidad de sus productos y servicios, promocionando la implantación de buenas prácticas y herramientas de pruebas, y la formación de los profesionales. Se necesita un esfuerzo conjunto de la Administración, de las entidades docentes y de las empresas para promocionando la cultura de la calidad en todo el sector.

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